Groucho Marx y la crisis de 1929

No hay nada serio que no pueda contarse con una sonrisa. Es muy recomendable ejercitar, siempre que el sentido común lo permita, el sexto sentido: el sentido del humor. La capacidad de reírse incluso de uno mismo es signo de inteligencia, apuntan los psicólogos y una dosis de ironía bien utilizada nunca está de más.
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