Bélgica: el crecimiento económico sin necesidad de gobernantes


Año y medio sin Gobierno, más de 500 días de desencuentros entre los partidos que debían decidir los cargos políticos para dirigir Bélgica durante los próximos años. El resultado de las elecciones generales de 2010 dio paso a la inestabilidad. El partido independista de la región de Flandes había conseguido más de un 17% de los votos en todo el país, lo que significaba una amplia mayoría en las cámaras de representación política. Los socialistas francófonos, los grandes derrotados.

Un país que batió récords convirtiéndose en la nación que durante más tiempo vivió en un vacío de poder. Los meses de idas y venidas en las negociaciones para formar gobierno, tiempo en el que no se pudieron tomar decisiones importantes para poner freno a la deuda del país (un problema cada vez más grave), no tuvieron consecuencias inmediatas en la economía del país.

De hecho, las cifras del paro mejoraron (de un 8% de desempleos en 2009 a un 6,5% aproximadamente dos años después) y el Producto Interior Bruto subía. La Comisión Europea estimó que en 2012, Bélgica crecería un 2%, superando los cálculos que habían realizado para la media de los países europeos. Además, el poder adquisitivo de los belgas aumentó en 900 euros de un ejercicio a otro, superó los 32.500 euros (la cantidad más alta de la historia), algo que también ocurrió con el salario mínimo interprofesional.

Pero aquellas consecuencias no tardaron en aparecer porque a finales de 2011, Bélgica entró en recesión. La deuda llegó al 97% del PIB y la Unión Europea empezó a solicitarle reformas como retrasar la edad de jubilación, poner medidas para detener la inflación o la congelación de los salarios. La clase de decisiones que no podía tomar un Gobierno en funciones.

La crisis política se resolvió cuando Elio di Rupo, el representante del partido Socialista de la parte francófona, consiguió formar Gobierno a principios de diciembre de 2011, convirtiéndose en el primer presidente procedente de la zona sur de Bélgica (Bruselas capital y Valonia) desde finales de los años 70, ya que los flamencos había ocupado este puesto desde entonces. Igualdad en el número de ministros de ambas partes, seis para cada uno. Una organización muy favorable a la región del sur, teniendo en cuenta que en Flandes vive más del 60% de la población y tiene mayor fortaleza económica.

Cada una de las tres regiones (Flandes, Bruselas capital y Valonia) gestiona de forma autónoma algunas parcelas administrativas y económicas, con competencias que van más allá que las que se conocen en la organización territorial española. Una estructura de poder complicada de gestionar y de entender dependiendo del lugar donde se resida. La ciudad de Bruselas es la que se lleva la palma en cuanto a dificultades se refiere. Capital del país, capital de Flandes, pero con mayoría de francófonos y cada una de estas atribuciones con un gobierno y responsables diferentes, que se reparten los servicios que dan a los ciudadanos y las obligaciones que estos tienen con las administraciones como el voto obligatorio por ley. Una verdadera maraña burocrática, aunque estable (de momento).