Comunidad de Madrid: Un presidente y una alcaldesa que nadie votó. ¿Hacia dónde va?


En pleno siglo XXI en un país como España hay una alcaldesa y un presidente de una Comunidad Autónoma, de la misma, de hecho, que nadie ha votado. El sistema de listas cerradas permite que se den situaciones como esta, en la que ni Ignacio González ni Ana Botella se han sometido a las urnas para ocupar el cargo al que están vinculados.

Indirectamente sí lo han hecho aunque no como candidatos a ambos cargos, en la candidatura a alcalde de Madrid se presentaba y ganó Alberto Ruiz Gallardón y en la de presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre. ¿Hasta qué punto es correcto que un político deje su cargo por ambición nacional, como en el caso de Gallardón, si ha jurado su cargo como alcalde de la capital de España? Parece que D. Alberto siente poco la camiseta, haciendo el símil futbolístico. Aunque claro, ¿quién siente realmente los colores de la camiseta? Su respuesta de responder a la llamada del líder tiene poco sentido, habida cuenta de su interés por ser Ministro desde siempre.

El caso de Esperanza Aguirre es diferente, aunque desemboca en el mismo mar. Aguirre dejó la primera línea política por razones personales, que en un principio tenían el eco de la grave enfermedad de la que fue tratada, cáncer de mama. Finalmente y por el bien de las personas, no hay que lamentar una recaída de la todavía presidenta del Partido Popular en Madrid. Descartada la enfermedad, la retirada de Aguirre da qué pensar y es que al poco de irse a la segunda fila al Partido Popular le salió un problema llamado Bárcenas y un juez, Ruz que ve indicios de contabilidad B en los despachos de Génova 13, sede del partido del Gobierno.

Sea como fuere, el resumen es que hay dos mandatarios en Madrid a los que los madrileños no han votado. Se permite por el sistema de listas cerradas en las que el votante no sabe realmente a quién vota y este hecho empieza a tener más importancia de la que parece puesto que, si los partidos políticos concurren con un programa electoral a las elecciones y luego no lo cumplen, de poco sirve fiarse de unas siglas.

El papel de Ana Botella en la candidatura olímpica de la capital ha puesto la guinda a una tarta que parece que no está destinada a la esposa del ex presidente del Gobierno. Todo apunta a que no se presentará como candidata a la alcaldía de Madrid porque podría ver cómo su partido retrocede posiciones, pero sin hacer futuribles, no es muy lógico que en esta supuesta democracia en la que vivimos haya dos mandatarios que no se han sometido al dictado de las urnas. Aunque bien mirado, tampoco les hace falta. Las siglas políticas aglutinan a personajes de diferente pelaje que no deberían bajo ningún concepto hacerse los interesados en dar un servicio público al ciudadano, cuando no están preparados para ello, ni mucho menos. Vaya por delante un detalle nada más, el inglés es un idioma que actualmente se solicita de manera automática para quienes buscan un empleo, está claro que el “relaxing cup” no hubiera aprobado el examen.

¿Qué será lo próximo? ¿Cómo es posible que se intercambien los sillones de poder como quien cambia cromos repetidos?